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Fantástico equipo entre la tierra, la uva, viticultor y bodega

Algo acaba y algo comienza; un ciclo se cierra y otro se abre. Así sucede cada año con la parra y sus uvas, en ese cambio de turno entre la tierra y la mesa. La viña y su viticultor ceden al bodeguero lo que han estado gestando durante meses, para que este convierta su legado en cosa buena para el paladar.

En todo Lanzarote, estos días del corazón de agosto ya estamos metidos de lleno en las tareas de vendimia, en las que son muchas las manos necesarias para la recolección de todos los racimos y el desembarco en el lagar, donde comienza el intenso pero lento proceso de transformación de la uva en vino. Cada una con su color y matices se verá reflejada meses más tarde, en la variedad de caldos que surgirán de la paciencia y el buen hacer del bodeguero.

Ahora toca disfrutar del momento; del movimiento de cestas cargadas de racimos, del olor del mosto y del suave rumor del trasiego. En unos meses tendremos nuevo Vulcano de Lanzarote y mientras lo estemos disfrutando en la mesa, estará empezando de nuevo el ciclo allá en la tierra.

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